Hipótesis 1: Imaginemos que Europa tuviera una tasa de mortalidad de 24 millones de personas anuales por accidentes de tráfico y una autoridad política de la UE digera que el uso del cinturón de seguridad es algo absurdo que lo único que hace es que la gente corra más y que por lo tanto lo que hay que hacer es realizar mejores políticas de educación vial.
Hipótesis 2: en vez de hablar de Europa nos situamos en el continente africado y en vez de 24 millones de muertes anuales por accidentes de tráfico resulta que las muertes son por el SIDA, y que en vez de una autoridad política de la UE, estamos hablando de una autoridad moral como el Papa y por lo tanto no hay discusión.
Benedicto XVI ha realizado su primer viaje a África en busca de nuevos fieles y para seguir moviendo a los convencidos. En busca de una nueva educación sexual, por la retirada o la bajada del uso del preservativo, en busca de la eliminación cultural de ritos más antiguos que los propios de los católicos; endefinitiva un viaje demasiado dogmático que no se corresponde con la realidad de una pandemia como el SIDa en un continente donde la sanidad, la educación y los gobiernos brillan en muchos casos por su ausencia. El Papa Ratzinger pretende asegurar la fe en el único continente en el que se ha producido un aumento en el número de creyentes como contrapartida a lo que ocurre en Europa o América Latina.
Sin embargo, con todas las declaraciones del Papa, la Iglesia Católica vuelve a sonar caduca y lo peor de todo homogeneizadora. Si por él fuera hubiera sido todos los países deberían ser iguales, compartir los mismos deseos y principios morales, un mundo en el que no hubiera distinción, una globalización real en los pensamientos y las ideas. Pero lo bueno es que el mundo lo conforman muchos millones de personas, con conciencia propia, ideas y pensamientos; el mundo lo forman 192 países con una cultura enraizada durante siglos, con prácticas religiosas propias y asimilidas y con ideas diferentes sobre lo que tiene que ser la religión, la fe y la sexualidad.
Que a estas alturas se ponga en duda el uso del preservativo debería ser condenado y condenable por la myoría del mundo, el problema es que las declaraciones las hace el Papa, el representante de Dios y de todos los fieles y por ello su autoridad moral es incuestionable. Por ello lo mejor es ante este tipo de declaraciones cambiar de canal o pasar la página del periódico como si no se hubiera escuchado nada.

