Después de ocho años de veto a la investigación con células madre embrionarias, el presidente Barak Obama ha dado un paso al frente y ha decidido destinar fondos públicos para este fin. En 2001, su predecesor George W. Bush, congeló las ayudas y sólo las investigaciones que estaban ya iniciadas recibían fondos; la decisión la adoptó desde sus firmes convicciones evangélicas que relegaban al ostracismo a todos los científicos que pretendían que EEUU siguiera a la cabeza de las investigaciones.
Las células madre embrionarias implican la posibilidad de que su manipulación sirva en un futuro para crear órganos y tejidos para su trasplante y aunque esto todavía no es posible, en la actualidad son reales las aportaciones para la prevención de enfermedades genéticas como el alzheimer o el parkinson; además ofrecen la oportunidad a muchos padres de dar a sus hijos enfermos un remedio a sus problemas.
Las células madre embrionarias implican la posibilidad de que su manipulación sirva en un futuro para crear órganos y tejidos para su trasplante y aunque esto todavía no es posible, en la actualidad son reales las aportaciones para la prevención de enfermedades genéticas como el alzheimer o el parkinson; además ofrecen la oportunidad a muchos padres de dar a sus hijos enfermos un remedio a sus problemas.
El gran reto al que se enfrenta Obama es la firme oposición que algunos republicanos, las comunidades evangélicas de su país y el Vaticano ofrecen al defender la vida del ser humano en todas sus fases a pesar de que según la Organización Mundial de la Salud sólo será un ser humano si se cumplen las condiciones y el ambiente necesario para que lo sea, y un tuvo de ensayo no lo es.
El reto del nuevo presidente es colocar a su país en el lugar científico que se merece y que tan retrasado ha quedado en los últimos años; además, tal y como él mismo ha afirmado “las decisiones científicas se tomarán sobre la base de criterios objetivos y no atendiendo a razones políticas, ideológicas o religiosas.”
El reto del nuevo presidente es colocar a su país en el lugar científico que se merece y que tan retrasado ha quedado en los últimos años; además, tal y como él mismo ha afirmado “las decisiones científicas se tomarán sobre la base de criterios objetivos y no atendiendo a razones políticas, ideológicas o religiosas.”
Los opositores parecen no darse cuenta de que con las investigaciones científicas muchas vidas humanas podrán salvarse en los años venideros y que muchos enfermos vean una posible esperanza. Además, aunque en estos momentos sí aceptan la investigación con células madre provenientes de adultos, fetos muertos por causas naturales o las células del cordón umbilical, son las células madre embrionarias, en muchos casos sobrantes de los programas de fertilidad, las que cumplen los requisitos necesarios y si no se incluyeran en estos planes terminarían en un cubo de basura. La apuesta del presidente Obama es la apuesta por el futuro, un futuro mejor para los enfermos actuales y los del futuro.
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