No hace mucho pudimos escuchar las bondades de Madrid y tardaremos mucho tiempo en sacar de nuestro argot callejero expresiones como "Madrid is fun" o "Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor". Para cuando estas expresiones saltaron a la fama Madrid estaba "clean" o más o menos limpio en comparación con situación actual.
La huelga de trabajadores de la limpieza de la capital (la cual apoyo) hace estragos por el centro. La Puerta del Sol, La Latina, Fuencarral, Chueca, Malasaña, Tribunal, Lavapiés y zonas aledañas están llenas de basura. Las papeleras rebosan y acumulan a sus pies botes vacíos, cajas de cartón, papeles publicitarios, algún que otro resto de comida, chicles pegados, embalajes y demás detritus susceptibles de estar dentro pero que se acumulan fuera. Así pues, turistas y ciudadanía en general pasea por el centro mirando escaparates y sorteando las inmundicias que hace días que no se recogen.
La paradoja que me hace estar "perdida en la actualidad" es la actitud de la alcaldesa Ana Botella y resto de consejerías del Ayuntamiento de Madrid. Estamos de acuerdo (o más bien nos han obligado a estarlo) con que el servicio de recogida de basura esté externalizado porque supuestamente ahorra mucho dinero a las arcas municipales; bajo esta premisa se dice que el conflicto laboral se da entre trabajadores y la empresa adjudicataria del servicio y por ende, esto permite decir a la señora Botella que no mediará en el conflicto porque es algo privado.¿Alguien se cree que la alcaldesa de la capital no tiene el poder para dar un golpe en la mesa (de negociación) y obligar a un acuerdo según el cual los trabajadores no pierdan demasiado y la empresa no se beneficie en exceso?
Además, el conflicto deja a los barrios de Madrid divididos entre los que no se ven afectados por la huelga y los que sí. Porque la limpieza de la capital no le corresponde a una empresa única sino que se reparte el juego entre varios. Por lo tanto, aquellas empresas que no despiden, no recortan y no están en huelga siguen prestando el servicio.
¿Alguien se cree que si esta huelga se hubiera producido en un momento de periodo pre-electoral o incluso electoral, más de una y de dos hubiera perdido los tacones por ponerse la medalla al mérito de la mediación?
Como acción ciudadana, habría que exigir que se nos rebajase a la ciudadanía el impuesto (o tasa) de basuras en función de los días en los que la ciudad ha estado hecha una mierda (y perdón por la expresión), y por la dejación del gobierno capitalino ante dicha situación. No es que antes de la huelga la ciudad estuviera como los chorros del oro pero al menos se disimulaba en la zona centro, lo que no significa que otros barrios periféricos lleven sufriendo las consecuencias de los recortes en limpieza desde hace meses.
Como ya he dicho apoyo a las y los trabajadores de la limpieza porque la amenaza de despido o de recortar los salarios en un 40% no se puede consentir, pero si lo pensamos amargamente todo viene derivado de la necesidad imperiosa de este gobierno de externalizar y privatizar y cuando llegan los problemas derivados mirar hacia otro lado, o al menos, decir que son cuestiones de terceros que afectan a tod@s.
Señora Botella, evite tener que decir en otro lugar "Madrid is dirty" y póngase las pilas con la mediación por el bien suyo, de la ciudadanía y de la ciudad. Si tan preocupada está por el turismo y su descenso que se ha ido hasta Berlín para promocionar a su amada capital, tenga por seguro que las y los turistas que han llegado estos días no tendrán demasiadas ganas de volver o recomendar nuestra maravillosa ciudad a nadie. Hagan lo que tienen que hacer y dejen de emular a Pilatos mirando para otro lado.
Perdida en la Actualidad
Comentario de la actualidad e inquietudes generales
9/11/13
29/10/13
"La guerra de los mundos" o el miedo que generan los medios
El otro día me quedé enganchada viendo un documental con motivo del 75 aniversario de la emisión radiofónica más famosa de la historia: "La guerra de los mundos" (si te lo has perdido aquí está el enlace a Documentos TV-La guerra de los mundos). Explicaban cómo se desarrolló la emisión y porqué la gente creyó que lo que se contaba era real. En ningún momento Orweel engañó a la audiencia, desde el primer momento se anunciaba que era una obra de teatro, pero la vuelta de tuerca estuvo en que mucha gente se enganchó al programa cuando este ya había empezado e interpretaron que los eventos que se narraban con estilo informativo eran ciertas. Hablamos de una época en la que la familias se reunían alrededor de la radio y no de la televisión, el zapping se realizaba entre las diferentes emisoras moviendo la rueda del dial, no existían las redes sociales ni internet donde poder ir contrastan segundo a segundo la invasión extraterrestre, ni existían una interlocución directa con los medios con el fin de poder contrastar la información.
Sin embargo, lo que me llamó la atención fue algo que todavía pervive en la humanidad y de lo que los medios en muchos casos se aprovechan: el miedo. Estamos hablando de que 1938 en EEUU estaba muy presente la crisis, el desempleo, el cambio de los felices 20 a los terribles años 30. Hablamos de un momento en el que Hitler ya estaba en el poder y el clima bélico iba en aumento, todavía estaba muy presente el final de la Gran Guerra y la ciencia empezaba a hacer experimentos y a demostrar hipótesis que cambiaban los esquemas mentales. ¿Estamos en una época tan diferente?
Si lo analizamos bien, parece que no estamos muy lejos de los años 30 y "La guerra de los mundos" en cuanto a cuestiones esenciales como el miedo, la frustración, las sensaciones que genera la crisis, la destrucción de antiguos paradigmas, los avances en las ciencias, los nuevos inventos, las nuevas armas y las consecuencias devastadoras de las guerras. Lo que cambia es la rapidez, la inmediatez, la falta de pausas, de silencios, de momentos para pensar. Las redes sociales y los nuevos medios de comunicación son una ventana abierta a cientos y miles de enlaces relacionados; se supone que podemos contrastar lo que vemos, pero la tarea se hace difícil cuando las voces narrativas son únicas y los focos apuntan hacia el mismo lugar.
Además, vivimos en una época de confrontación donde los medios cada vez explotan más su parte editorial y de opinión que informativa, por lo que los amigo-enemigos se buscan en todos los lugares; la falta de tiempo y la necesidad de informarnos de la manera más rápida posible hace que la omisión de datos sea todo un ritual.
Desde hace un tiempo, veo con estupor, como los noticiarios televisivos se han convertido en muchos casos en una sucesión de sucesos (perdón por la reiteración). Pasamos de un secuestro a un homicidio, de una manifestación a unas declaraciones políticas, de un incendio a un caso de maltrato; y así sucesivamente. No me extraña que la gente sienta angustia y tenga miedo; y si además, entre medias, se cuela un spot publicitario donde alertan de robos en las casas y la necesidad de contratar una alarma o la importancia de tener un gabinete de abogados por si alguien te roba tu identidad por internet pues el cocktail de inquietud está servido.
En esta época donde parece que las malas noticias se acumulan, la información económica (a nivel macro y micro) se entremezcla, los buenos y malos o los míos y los tuyos se enfrentan es necesario parar. Es importante pedir a los medios de comunicación que informen pero que no opinen, que separen con claridad sus espacios, que nos digan cuándo hablamos de unas cosas y cuándo de otras (o lo que es lo mismo: volver a las secciones). Es importante profundizar, explicar, tener los datos completos, evitar lanzar una información sin que se contraste, dedicarle el mismo espacio al titular que a la rectificación. Al final y al cabo, no es más que ejercer una oficio como el periodismo con responsabilidad y como servicio público cuando hablamos de información.
Sin embargo, lo que me llamó la atención fue algo que todavía pervive en la humanidad y de lo que los medios en muchos casos se aprovechan: el miedo. Estamos hablando de que 1938 en EEUU estaba muy presente la crisis, el desempleo, el cambio de los felices 20 a los terribles años 30. Hablamos de un momento en el que Hitler ya estaba en el poder y el clima bélico iba en aumento, todavía estaba muy presente el final de la Gran Guerra y la ciencia empezaba a hacer experimentos y a demostrar hipótesis que cambiaban los esquemas mentales. ¿Estamos en una época tan diferente?
Si lo analizamos bien, parece que no estamos muy lejos de los años 30 y "La guerra de los mundos" en cuanto a cuestiones esenciales como el miedo, la frustración, las sensaciones que genera la crisis, la destrucción de antiguos paradigmas, los avances en las ciencias, los nuevos inventos, las nuevas armas y las consecuencias devastadoras de las guerras. Lo que cambia es la rapidez, la inmediatez, la falta de pausas, de silencios, de momentos para pensar. Las redes sociales y los nuevos medios de comunicación son una ventana abierta a cientos y miles de enlaces relacionados; se supone que podemos contrastar lo que vemos, pero la tarea se hace difícil cuando las voces narrativas son únicas y los focos apuntan hacia el mismo lugar.
Además, vivimos en una época de confrontación donde los medios cada vez explotan más su parte editorial y de opinión que informativa, por lo que los amigo-enemigos se buscan en todos los lugares; la falta de tiempo y la necesidad de informarnos de la manera más rápida posible hace que la omisión de datos sea todo un ritual.
Desde hace un tiempo, veo con estupor, como los noticiarios televisivos se han convertido en muchos casos en una sucesión de sucesos (perdón por la reiteración). Pasamos de un secuestro a un homicidio, de una manifestación a unas declaraciones políticas, de un incendio a un caso de maltrato; y así sucesivamente. No me extraña que la gente sienta angustia y tenga miedo; y si además, entre medias, se cuela un spot publicitario donde alertan de robos en las casas y la necesidad de contratar una alarma o la importancia de tener un gabinete de abogados por si alguien te roba tu identidad por internet pues el cocktail de inquietud está servido.
En esta época donde parece que las malas noticias se acumulan, la información económica (a nivel macro y micro) se entremezcla, los buenos y malos o los míos y los tuyos se enfrentan es necesario parar. Es importante pedir a los medios de comunicación que informen pero que no opinen, que separen con claridad sus espacios, que nos digan cuándo hablamos de unas cosas y cuándo de otras (o lo que es lo mismo: volver a las secciones). Es importante profundizar, explicar, tener los datos completos, evitar lanzar una información sin que se contraste, dedicarle el mismo espacio al titular que a la rectificación. Al final y al cabo, no es más que ejercer una oficio como el periodismo con responsabilidad y como servicio público cuando hablamos de información.
22/10/13
El cumplimiento de los derechos humanos o las inquietudes que generan
La Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha dictado sentencia y lo hace de manera definitiva e irreversible o lo que es lo mismo: es el final del camino. No hay posibilidad de apelación, ni de discusión. Si bien es cierto que el TEDH que su sentencia no es "ejecutiva" no significa que no se pueda aplicar y por ello la Audiencia Nacional por unanimidad pondrá en libertad a Inés del Río se manera inmediata.
El problema y el ruido mediático al que asistimos y asistiremos en los próximos días va más allá de los asuntos legales y se convertirá en un tira y afloja de reivindicaciones de carácter ético y moral y de exaltación de emociones y sentimientos desde los dos lados. Si nos centramos en las cuestiones legales, el TEDH no se trata de evaluar si "la doctrina Parot" es buena o mala o si se tiene que dejar de aplicar, lo que dice es que sólo se puede aplicar desde su aprobación y no con carácter retroactivo. Es decir, que aquellos que fueran condenados bajo el amparo de la legislación de 1973 no pueden revisar sus penas o aplicarles la nueva doctrina aprobada en 2006. Por lo tanto, poco se puede discutir sobre esto. Si en España no encontramos en un "Estado de Derecho" hay que cumplir el principio de legalidad.
La cuestión de fondo son las víctimas y familiares de víctimas que no quieren que aquellos y aquellas que están en prisión sean libres antes de tiempo; que puedan acceder a beneficios penitenciarios porque no hay pena que les devuelva a sus muertos o los daños causados. Además "la doctrina Parot" se aplica a otros por considerar que sus delitos son de extrema gravedad; y yo no voy a entrar en si es buena o mala la ley, sólo puedo entrar en que no se puede aplicar de manera retroactiva.
Al llegar el caso de del Río hasta el TEDH nos topamos de frente con los derechos humanos y los tratados internacionales, es decir, con la instancia más alta (o así lo considero) de la legislación. El paraguas sobre el que tienen que estar todas las leyes, el que guarda y resguarda de los ataques que atentan contra las personas; y aunque no nos guste todos y todas somos seres humanos, desde el más filántropo hasta el criminal más despiadado. No nos podemos olvidar que las leyes de los países se dictan dentro de fronteras comunes, y no hablo de las geográficas sino más bien de las culturales porque lo que es delito en un país puede que en el vecino no lo se y viceversa. En este plano legislativo también entran las condenas y para lo que unos es válido (como la pena de muerte en todas sus variantes: desde lapidación hasta la inyección letal) para otros es inadmisible.
El TEDH dicta sentencia sobre un caso concreto y evalúa los derechos humanos de Inés del Río que han podido ser violados. Y por mucho que nos repugne o nos mueva el corazón los asesinatos cometidos por ella, por mucho que haya sido condenada, por mucho que instan en que no debería salir de donde está... sigue siendo un ser humano con unos derechos que son: innatos, universales, inalienables, intransferibles, acumulativos, irreversibles, inviolables, obligatorios, están por encima de las fronteras nacionales, indivisibles, interdependientes, complementarios y no jerarquizables.
Con toda esta lista nos podemos dar cuenta de hasta donde llegan; porque aunque una persona quiera renunciar a ellos no puede; porque ni las voluntades personales ni mucho menos las colectivas, políticas o del poder los pueden dejar de lado.
Por ello es normal que su cumplimiento nos genere en muchos casos inquietudes y actitudes de rechazo. Porque no podemos comprender que se apliquen a personas que en su día no tuvieron en cuenta la vida de otro ser humano y no le respetaron por el hecho de ser. Pero los derechos humanos son así y permanecen, y ponen en valor a la persona que los ostenta por encima de sus actos. Con todo esto, el ruido mediático y de sensibilidades estará presente en nuestras vidas durante los próximos días, porque víctimas y verdugos tendrán algo que decir al respecto.
El problema y el ruido mediático al que asistimos y asistiremos en los próximos días va más allá de los asuntos legales y se convertirá en un tira y afloja de reivindicaciones de carácter ético y moral y de exaltación de emociones y sentimientos desde los dos lados. Si nos centramos en las cuestiones legales, el TEDH no se trata de evaluar si "la doctrina Parot" es buena o mala o si se tiene que dejar de aplicar, lo que dice es que sólo se puede aplicar desde su aprobación y no con carácter retroactivo. Es decir, que aquellos que fueran condenados bajo el amparo de la legislación de 1973 no pueden revisar sus penas o aplicarles la nueva doctrina aprobada en 2006. Por lo tanto, poco se puede discutir sobre esto. Si en España no encontramos en un "Estado de Derecho" hay que cumplir el principio de legalidad.
La cuestión de fondo son las víctimas y familiares de víctimas que no quieren que aquellos y aquellas que están en prisión sean libres antes de tiempo; que puedan acceder a beneficios penitenciarios porque no hay pena que les devuelva a sus muertos o los daños causados. Además "la doctrina Parot" se aplica a otros por considerar que sus delitos son de extrema gravedad; y yo no voy a entrar en si es buena o mala la ley, sólo puedo entrar en que no se puede aplicar de manera retroactiva.
Al llegar el caso de del Río hasta el TEDH nos topamos de frente con los derechos humanos y los tratados internacionales, es decir, con la instancia más alta (o así lo considero) de la legislación. El paraguas sobre el que tienen que estar todas las leyes, el que guarda y resguarda de los ataques que atentan contra las personas; y aunque no nos guste todos y todas somos seres humanos, desde el más filántropo hasta el criminal más despiadado. No nos podemos olvidar que las leyes de los países se dictan dentro de fronteras comunes, y no hablo de las geográficas sino más bien de las culturales porque lo que es delito en un país puede que en el vecino no lo se y viceversa. En este plano legislativo también entran las condenas y para lo que unos es válido (como la pena de muerte en todas sus variantes: desde lapidación hasta la inyección letal) para otros es inadmisible.
El TEDH dicta sentencia sobre un caso concreto y evalúa los derechos humanos de Inés del Río que han podido ser violados. Y por mucho que nos repugne o nos mueva el corazón los asesinatos cometidos por ella, por mucho que haya sido condenada, por mucho que instan en que no debería salir de donde está... sigue siendo un ser humano con unos derechos que son: innatos, universales, inalienables, intransferibles, acumulativos, irreversibles, inviolables, obligatorios, están por encima de las fronteras nacionales, indivisibles, interdependientes, complementarios y no jerarquizables.
Con toda esta lista nos podemos dar cuenta de hasta donde llegan; porque aunque una persona quiera renunciar a ellos no puede; porque ni las voluntades personales ni mucho menos las colectivas, políticas o del poder los pueden dejar de lado.
Por ello es normal que su cumplimiento nos genere en muchos casos inquietudes y actitudes de rechazo. Porque no podemos comprender que se apliquen a personas que en su día no tuvieron en cuenta la vida de otro ser humano y no le respetaron por el hecho de ser. Pero los derechos humanos son así y permanecen, y ponen en valor a la persona que los ostenta por encima de sus actos. Con todo esto, el ruido mediático y de sensibilidades estará presente en nuestras vidas durante los próximos días, porque víctimas y verdugos tendrán algo que decir al respecto.
Etiquetas:
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