29/10/13

"La guerra de los mundos" o el miedo que generan los medios

El otro día me quedé enganchada viendo un documental con motivo del 75 aniversario de la emisión radiofónica más famosa de la historia: "La guerra de los mundos" (si te lo has perdido aquí está el enlace a Documentos TV-La guerra de los mundos). Explicaban cómo se desarrolló la emisión y porqué la gente creyó que lo que se contaba era real. En ningún momento Orweel engañó a la audiencia, desde el primer momento se anunciaba que era una obra de teatro, pero la vuelta de tuerca estuvo en que mucha gente se enganchó al programa cuando este ya había empezado e interpretaron que los eventos que se narraban con estilo informativo eran ciertas. Hablamos de una época en la que la familias se reunían alrededor de la radio y no de la televisión, el zapping se realizaba entre las diferentes emisoras moviendo la rueda del dial, no existían las redes sociales ni internet donde poder ir contrastan segundo a segundo la invasión extraterrestre, ni existían una interlocución directa con los medios con el fin de poder contrastar la información. 

Sin embargo, lo que me llamó la atención fue algo que todavía pervive en la humanidad y de lo que los medios en muchos casos se aprovechan: el miedo. Estamos hablando de que 1938 en EEUU estaba muy presente la crisis, el desempleo, el cambio de los felices 20 a los terribles años 30. Hablamos de un momento en el que Hitler ya estaba en el poder y el clima bélico iba en aumento, todavía estaba muy presente el final de la Gran Guerra y la ciencia empezaba a hacer experimentos y a demostrar hipótesis que cambiaban los esquemas mentales. ¿Estamos en una época tan diferente?

Si lo analizamos bien, parece que no estamos muy lejos de los años 30 y "La guerra de los mundos" en cuanto a cuestiones esenciales como el miedo, la frustración, las sensaciones que genera la crisis, la destrucción de antiguos paradigmas, los avances en las ciencias, los nuevos inventos, las nuevas armas y las consecuencias devastadoras de las guerras. Lo que cambia es la rapidez, la inmediatez, la falta de pausas, de silencios, de momentos para pensar. Las redes sociales y los nuevos medios de comunicación son una ventana abierta a cientos y miles de enlaces relacionados; se supone que podemos contrastar lo que vemos, pero la tarea se hace difícil cuando las voces narrativas son únicas y los focos apuntan hacia el mismo lugar.

Además, vivimos en una época de confrontación donde los medios cada vez explotan más su parte editorial y de opinión que informativa, por lo que los amigo-enemigos se buscan en todos los lugares; la falta de tiempo y la necesidad de informarnos de la manera más rápida posible hace que la omisión de datos sea todo un ritual.

Desde hace un tiempo, veo con estupor, como los noticiarios televisivos se han convertido en muchos casos en una sucesión de sucesos (perdón por la reiteración). Pasamos de un secuestro a un homicidio, de una manifestación a unas declaraciones políticas, de un incendio a un caso de maltrato; y así sucesivamente. No me extraña que la gente sienta angustia y tenga miedo; y si además, entre medias, se cuela un spot publicitario donde alertan de robos en las casas y la necesidad de contratar una alarma o la importancia de tener un gabinete de abogados por si alguien te roba tu identidad por internet pues el cocktail de inquietud está servido.

En esta época donde parece que las malas noticias se acumulan, la información económica (a nivel macro y micro) se entremezcla, los buenos y malos o los míos y los tuyos se enfrentan es necesario parar. Es importante pedir a los medios de comunicación que informen pero que no opinen, que separen con claridad sus espacios, que nos digan cuándo hablamos de unas cosas y cuándo de otras (o lo que es lo mismo: volver a las secciones). Es importante profundizar, explicar, tener los datos completos, evitar lanzar una información sin que se contraste, dedicarle el mismo espacio al titular que a la rectificación. Al final y al cabo, no es más que ejercer una oficio como el periodismo con responsabilidad y como servicio público cuando hablamos de información.

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