La maniobra de Hugo Chávez ha salido como él quería: si pierdes un referendum convocas otro y así hasta que consigas obtener el resultado que querías. El Presidente venezolano quería modificar la Constitución para poder seguir en el puesto hasta el "dosmilsiempre" tal y como titula hoy El País y lo ha conseguido. Mientras que antes su mandato se limitaba a dos legislaturas de seis años, ahora no hay límite, el límite lo pone él. Así mientras que su tiempo se acababa en 2012 ahora se prorroga de manera indefinida.
Ante estos hechos sólo puedo decir que este señor es "un listo". Casi todas las democracias del sur de América cuando dejaron de ser colonias decidieron que el sistema que mejor se adaptaba era el sistema presidencialista al estilo de EEUU, donde la Constitución limita el número de veces que un presidente puede ser elegido con el fin de evitar "tiranías" y que exista una política de cambio real. Mientras, la mayoría de las democracias de Europa mantienen otros sistemas en los cuales no se pone freno como es el caso de España, si un presidente se retira lo hace porque quiere como sucedió con el Presidente Aznar y como no ocurrió con el Presidente González que se mantuvo en el poder 13 años por las reelecciones.
Ahora el señoz Chavez implanta un sistema mixto para gozar de todos los beneficios que uno y otro sistema le ofrecen: por un lado ser la única cabeza visible del gobierno (como lo es Obama y su predecesores en EEUU) pero con la posibilidad de presentarse una y otra vez. Así no. Y digo que así no porque lo que ejerce este hombre en Venezuela es un acto de tiranía para perpetuarse en el poder. Mientras la oposición y los medios de comunicación contrarios son acallados, controlados y corregidos en cualquier desmán. Sin embargo, quizás Chavez no lo tenga tan fácil como piensa, la crisis económica afecta en todos los países y aunque él se valga como Rusia de la energía que posee y distribuye, la situación no puede o no debe durar mucho. Quizás se debería apelar a la comunidad internacional para reforzar la legitimidad de determinados procesos electorales porque todavía no está claro que las elecciones en Venezuela sean procesos totalmente transparentes.
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