Todo el mundo se lleva las manos a la cabeza, uno de los porteros de la discoteca Balcón de Rosales le propinó una brutal paliza a Álvaro Ussía que horas después moría en el Hospital Clínico de Madrid. Le reventaron el corazón a patadas. Ahora todo el mundo se lleva las manos a la cabeza y clama justicia, y justicia es lo que se merecen los padres del joven de 18.
Una vez hecho el alegato a favor de la víctima, hay que entonar un grito de desesperación. Estoy segura de que la mayoría de funcionarios, concejales, consejeros y demás miembros de la Administración Municipal de Madrid, así como de otros ayuntamientos y comunidades autónomas, tienen hijos e hijas que salen por la noche y que alguna vez han llegado a casa quejándose de los porteros de las discotecas y locales a los que acuden. Eso no se puede negar. Todo el que ha salido alguna vez por la noche sabe que los porteros son gente, por lo general salvo casos excepcionales, mal educada, mal encarada, con aires de superioridad que mira por encima del hombro y demás tratamientos poco elegantes con los clientes del local. Parece mentira que la administración no sepa que la mayoría de los porteros de discoteca pertenecen a mafias que ofrecen este tipo de servicios a los propietarios de los lugares de ocio y que en muchos casos son reclutados en gimnasios, son gente con un alto nivel de preparación física, conocen algún arte marcial y como si de perros de presa se trataran, conocen su autoridas y emplean la violencia.
En su favor hay que decir que en el mundo nocturno hay mucho borracho, mucho patoso y mucho violento y que es a eso a los que hay que controlar, pero en su justa medida. Ahora, después de la muerte Álvaro Ussía, la administración se plantea regular la profesión, pero la medida aunque adecuada, sólo es el reflejo de lo que desde hace tiempo se sabe y se conoce entre la policía, los clientes y propietarios de los locales y demás parentela.
Denunciar también las imágenes que hoy publican periódicos como La Razón en los que vemos al grupo de amigos divirtiéndose bajo el titular "Las últimas fotografías de Álvaro horas antes de morir". El morbo de la imagen, seguramente filtrada por alguno de los amigos, no es la más conveniente para retratar al fallecido y a sus compañeros que aunque salen con los hijos borrosos se les puede reconocer a la perfección.
En último lugar, denunciar la negligencia del Ayuntamiento de Madrid que es el propietario de la discoteca, que no tiene licencia para tal uso, que había sido denunciado por vender alcohol a menores y por reiteradas denuncias a los porteros por actuar de forma violenta. A pesar de todo, el local continuaba abierto. álvaro ha muero y el local se cierra, los porteros son investigados y acusados de homicidio y se prevé la creación de una regulación para la profesión de seguridad; pero Álvaro Ussía ya está muerto y enterrado y en la noche madrileña, mientras llega la regulación, seguimos a merced de los matones de las puertas.
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