Hoy, al coger la prensa he sido, nuevamente sorprendida por lo que yo denomino "pase lo que pase yo tenía razón". Resulta que los tribunales ya han decidido sobre el tema del ácido bórico y el informe pervertido que quería involucrar a ETA en los atentados del 11M. Pues ahora resulta que todos los medios tenían razón. Hoy sería necesario que cualquier ciudadano comprase ambas cabeceras o se metiera en sus corresp0ondientes versiones digitales y comprobase por sí mismo de lo que estoy hablando.
El País se felicita porque por fin se ha desmentido un bulo perverso que acusaba a cuatro policías de haber manipulado o intentado ocultar pruebas, para demostrar su alegría escribe en su editorial sobre la sabia decisión de los jueces y expresa su apoyo incondicional ante esta tesis; además, y para redondear el reportaje, muestra en páginas interiores algunas portadas de su rival para demostrar quiénes eran los que defendían determinadas tesis que ahora quedan invalidadas.
Hasta aquí todo parece normal, pero la sorpresa del lector debe llegar cuando, con sus manos ya manchadas de tinta, abre El Mundo y se da cuenta de que ellos también tienen razón. En su editorial este periódico defiende que los tribunales avalan las teorías por ellos defendidas y se congratulan por la decisión de los jueces. Total que al final todo el mundo tiene razón y todas las teorías tienen su fundamento y su amparo en la sentencia judicial. Al final el ciudadano de a pie no tiene más remedio que para estar bien informado o al menos saber qué es lo que realmente dice la sentencia acudir a ella y sacar sus propias conclusiones. Por este tipo de cosas es por las que la libertad de expresión y la libertad de información se convierten en peligrosas armas de confusión.
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