12/7/08

Que mi vida no dependa de mi pareja

Ninguno tenemos la vida comprada y todos moriremos algún día, pero lo que es terrible es que la vida y la muerte dependan de los impulsos violentos de otra persona y la situación es más grave aún cuando esa persona es con la que compartes tu vida, es tu compañero.
Es horrible estar en manos de un tercero, vivir con miedo y no saber que la persona a la que amas es al mismo tiempo tu verdugo, la persona que decide cuándo vas a morir en función de sus impulsos y su estado de ánimo.
Es horrible saber que una persona ha pedido que se la proteja por ser y sentirse agredida y que todas sus súplicas terminen en muerte.
Es horrible pensar que no sólo tú estas amenazada sino que también la vida de tus hijos corre peligro y más cuando es su propio padre el que les amenaza.
Es horrible ser mujer y tener miedo, y saber que la muerte te espera en tu propia casa. Es horrible saber que todo tu entorno piensa que tu pareja es una persona amable, educada y simpática y saber interiormente que cuando cruza el umbral del hogar se convierte en un ser violento y despreciable capaz de imponer una situación de orden marcial.
Es importante que desde la sociedad se cree una red de solidaridad hacia el vecino, que los golpes en la pared no sea algo que no queremos escuchar; es necesario que las mujeres que son maltratadas sepan que no están solas y que los que se quedan solos son ellos. El trabajo se complica cuando no hay antecedentes porque la víctima queda a merced de un impulso (el caso de Yecla), pero si hombres y mujeres saben que la sociedad de forma unánime rechaza estos actos, quizás haya esperanza para pensar que un día dejarán de ocurrir.

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