La Organización Para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) ha sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz de 2013. Este ha sido el anuncio que ha realizado Thorbjørn Jagland, secretario del Comité Nobel. A partir de ahí me imagino las caras de sorpresa de mucha gente incluida la mía. No es que yo tuviera un conocimiento exhaustivo de la carrera del resto de candidatos y candidatas, pero al igual que en otros de los premios que se conceden toda decisión me parece bien puesto que no tengo las referencias oportunas para conocer los avances y trabajos en ciencia, medicina, física, etc., en este sí me puedo implicar.
Cada vez tengo más claro lo controvertido de estos galardones y lo politizados o mediáticos que se pueden volver en función de las necesidades de cada momento. Podría decir que, después de cinco años sigo sorprendida con el premio otorgado a Barack Obama por el simple hecho de haber realizado un decálogo de buenas intenciones con respecto a las guerras de Irak, Afganistán o el cierre de Guantánamo (que siguen estando pendientes).
Para el jurado, "los sucesos recientes en Siria, donde han vuelto a ser usadas armas químicas, han puesto de nuevo de manifiesto la necesidad de incrementar los esfuerzos para eliminarlas", explicó Jagland. Sin embargo, "los sucesos recientes en Siria" lo que demuestran es la falta de respuesta, el carácter lento (que no ineficaz) de estos organismos y su imposibilidad para exigir a los Estados firmantes de los acuerdos para la destrucción de los arsenales militares que los cumplan. Veanse las firmas de EEUU y Rusia que son sólo eso, garabatos en un papel con la promesa de que ya lo harán. Por seguir con el mismo verso de introducción, "los sucesos recientes en Siria" demuestran el escaso control que se tiene sobre estas armas en dos vías: ¿quiénes las tienen bajo control? y ?¿están realmente documentados y controlados los arsenales que no se han destruido? Estas dos reflexiones vienen a renglón seguido de las acusaciones de grupos rebeldes y el Gobierno sirio acerca de quién las había utilizado contra la población. A partir de esto, otras dos vías para analizar:
1) Si estaban en manos del Gobierno, los organismos internacionales fracasan en su control.
2) Si estaban en manos de los rebeldes el fracaso es doble: desde el panorama internacional por la misma razón anterior y por parte del Gobierno que no controla sus arsenales y los deja a merced de los supuestos rebeldes.
Con este panorama, y si confiamos en que el Gobierno sirio no descuidó sus arsenales, cabría la posibilidad de pensar que las armas químicas al igual que otras armas de guerra se encuentran en los mercados negros, se comercializan como los fusiles de asalto y que la producción de las mismas se mantiene. Ya sé que toda esta última reflexión parte de meras suposiciones, pero creo que sí pone de manifiesto que la OPAQ al igual que otros organismos son ineficaces y lo seguirán siendo mientras dependan de la buena voluntad de los Estados o sus gobernantes. Dejan a la luz la falta de presión que pueden hacer otros países cuando hablamos de aquellos que se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU y la limitación crece cuando antes de actuar dependen de la diplomacia internacional, de las reuniones de los hombres y mujeres que visten trajes oscuros y hablan durante horas.
Una vez realizada la reflexión podemos hablar de quién se ha quedado fuera:
- Malala Yousufzai, la favorita en todas las apuestas. La niña que lucha por el derecho a la educación de niñas y niños y que con la misma fuerza defiende el islam como religión. Al parecer, el jurado ha pensado que era demasiado joven y que podría colocarla de nuevo en el punto de mira de algún francotirador. Es posible que tengan razón, sin embargo, la voz de Malala ya se ha oído en el estrado y desde luego no dejará de ser escuchado por lo que supone de revolucionaria.
- Denis Mukwege, el ginecólogo de la República Democrática del Congo que ha puesto en marcha toda una red de ayuda para mujeres víctimas de abusos sexuales y crímenes de guerra, además de un servicio de atención ginecológica digno de admiración.
- Candidata y candidato de Rusia: la primera Svetlana Gánushkina por su defensa de la democracia y su ayuda a presos políticos. La ironía viene de la mano del candidato, Vladimir Putin porque "se ha esforzado por mantener la paz y la tranquilidad, no sólo en su país, sino que también promoviendo el arreglo pacífico de todos los conflictos surgidos en el planeta". Estoy segura de que a Gánushkina se le han puesto los pelos de punta, porque la gente a la que ella ayuda se encuentra en esa situación gracias al otro candidato (pero esto ya es otra historia).
- José Raúl Vera López, el obispo mexicano que lucha por los migrantes y homosexuales perseguidos. Con la iglesia hemos topado, y bastante tienen con el Papa Francisco como para meter más leña al fuego que ya arde entre los más fundamentalistas.
- "Los conspiradores": esta lista la componen por medio de candidaturas individuales todos los que en algún momento de 2012 y 2013 ha puesto patas arriba los sistemas de seguridad o secretos de estado. Premios muy peligrosos que entran en conflicto directo con los Estados de los que antes hablábamos: Julian Assange, Bradley Manning y Edward Snowden.
- Bill Clinton y su fundación completaban la lista. El ex presidente lo lleva persiguiendo desde hace tiempo. No se resiste a tener su propia medalla pero quizás es demasiado pronto para que un (ex) dirigente de EEUU repita en Oslo.
Quizás el próximo año el resultado tenga un mayor apoyo, lo que sí parece claro es que ya no hay persona o personalidad lo suficientemente relevante que convenza al jurado porque este es el segundo año consecutivo que deciden que un ente sea premiado. En 2012 fue la UE «por su contribución durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación, la democracia, y los derechos humanos en Europa» y ahora le ha tocado a la OPAQ.
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