Hoy se publica en el diario El País (en su versión impresa y digital) un reportaje titulado Saber la verdad ayuda a morir. Al parecer en España la familia y los médicos evitan las malas noticias, se oculta a los enfermos su verdadera situación y en algunos casos se decide por ellos en los tratamientos o no se les informa de todos los que podrían recibir. Al final el enfermo, es eso, un enfermo postrado en una cama al que no le dejan decidir. Ahora un estudio dice que sabiendo la verdad, los enfermos aceptan con más calma y preparación la muerte y la propia enfermedad que aquellos a los que se les oculta su verdadera situación.
Ante este hecho me gustaría reflexionar que cada persona tiene derecho a elegir si quiere ser informado o no al igual que puede decidir si quiere ser tratado o no, o si quiere recibir asistencia religiosa o no, o si quiere ser enterrado o incinerado. Por eso aunque para muchos sea algo traumático hablar de todas estas cuestiones cuando se está sano, creo que se debería coger como costumbre poner en conocimiento de los que nos rodean todas estas decisiones.
Cada uno que elija si quiere saber sus posibilidades, es cierto que a veces los pronósticos no se cumplen y la vida nos regala unos días más o meses - y si no que se lo digan al ciudadano británico que apostó 100 libras a que el pronóstico de los médicos no se cumplía y ahora ha ganado 5.000 porque sigue vivito y apostando - y a veces nos los resta, pero reivindico el derecho a decidir.
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