2/5/08

El caso de Austria

Desde hace unos días estoy horrorizada con los acontecimientos de Austria. Es increible como estas cosas pueden suceder, como puede el ser humano ser tan cruel. Es increible que durante 24 años nadie se preguntase dónde estaba Elisabeth, que ninguno de sus hermanos biológicos, su madre o algún amigo decidiese ir a buscarla a aquella secta (que no existía). Quizás si alguien lo hubiera intentado, el monstruo habría dicho que se había fugado.
De lo que no me queda duda es de la capacidad del secuestrador para maquinar en su mente durante tanto años un plan premeditado que iba a poner en marcha con su hija. Un plan que le obligaba a llevar una doble vida, un plan que ocuparía su mente durante horas y horas con el fin de no dejar ningún cabo suelto. Es increible como puede llegar a funcionar la mente de un ser humano, llegar a tanta crueldad e incluso llegar a ser consciente de ello. Por suerte, el destino quiso que una de sus hijas-nietas o nietas-hijas (lo cierto es que no sé qué parentesco poner primero) se pusiera enferma y los médicos sospechasen que algo no iba bien.
Por el momento es muy fácil especular: ¿por qué no intentaron escapar? ¿hubo cómplices? ¿la madre no sabía nada? Pero lo mejor (y mi recomendación para los medios es clara) es no llenar páginas y páginas de periódicos con rumores y especulaciones y dejar trabajar. Una investigación puede ser cosa de días, pero en este caso hay que investigar 24 años.

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