El continente asiático, muestra de avance y modernidad, de convertirse en los países más influyentes en los económico en los próximos años (por no decir ya) se convulsiona por los cuatro costados. Hace unos días Myanmar salía volando gracias al ciclón Nargis con la consiguiente tragedia de estar gobernado por una Junta Militar que impide el paso de ayuda humanitaria con el fin de mantenerse como un país cerrado al resto del mundo y no tener que dar explicaciones sobre lo que allí pasa (que lo cierto es que no se sabe muy bien lo que es porque para eso se lo callan, pero seguro que nada bueno). Ahora el país se enfrenta además de a la devastación, a las hambrunas y la sed de la población, las enfermedades e infecciones contagiosas que diezman la población y el hundimiento económico que solucionan con el alza de los precios.
Por otro lado, China tiembla y en un país super poblado esto supone que la magnitud de la muerte se multiplica hasta ascender a más de 12.000 personas. Todas las miradas se ponen en el futuro, en rescatar a los muertos y sobre todo en tranquilizar a la población para que no asuste a otros países que en pocos meses se reunirán en la capital para unos JJOO, desde el gobierno dictatorial comunista (aunque aperturista en lo económico) se pide tranquilidad y se moviliza la maquinaria del Estado para que esto se solucione cuanto antes, el problema es que parece difícil controlar a la Madre Naturaleza.
Por último, la India también se sacude pero esta vez por la acción del hombre ya que el centro de Jaipur ha sido atacado por los terroristas con seis explosiones que ocasionan 20 muertos y 100 heridos hasta el momento.
Ya sea por la acción del hombre o de la naturaleza lo que queda claro es que en Asia las magnitudes son diferentes y todo se contabiliza por miles, desde sus habitantes, hasta sus muertos y refugiados.
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