La denuncia presentada por Telma Ortiz contra 50 medios de comunicación para que no entrasen en su vida privada fue desestimada, por una cuestión muy simple y que se podría calificar de error de principiante por parte del abogado de la demandante, el acusar a los medios de algo que todavía no habían hecho. Si Telma hubiera esperado un poco, todos estamos seguros de que se habría hecho con pruebas suficientes para demostrar que todos esos medios estaban entrometiéndose en su vida privada, pero no, quiso ir más rápido que los hechos y eso le ha costado caro (y nunca mejor dicho porque va a tener que pagar las costas del juicio: unos 40.000€).
Sin embargo, para muchos era la oportunidad perfecta para que de una vez por todas se pusiera freno el porno rosa que todos los días y a todas horas se cuela por nuestros televisores en nuestras casas (en nuestra intimidad y eso hace daño al cerebro). Si hiciéramos un ejercicio de imaginación y cambiasemos todas esas horas de vida ajena por verdadero material pornográfico, las asociaciones de mujeres, padres, religiosas, médicas, deontológicas, etc., se echarían encima de los programadores. Sin embargo someter a nuestros cerebros a horas de quién dijo, hizo o sale nos parece algo corriente. Saber el nombre de 10 famosos es más normal que saber el nombre de 10 ministros o cargos públicos.
No pido que este tipo de prensa (antes conocida como prensa de sociedad) desaparezca sino que se reajuste y vuelva a ser lo que era. Que vuelvan a aparecer en ellas personalidades por su trabajo (los músicos por su música, los actores y actrices por sus películas, los reyes por sus visitas diplomáticas, etc.) y no por que se acuestan con unos y otros, no trabajan en nada y sufren el desamor. Ante esto yo grito ¡¡¡¡Y A MÍ QUÉ!!!
Lo cierto, es que estos programas y revistas son líderes de audiencia y contra eso no se puede luchar. Más audiencia = más publicidad = más dinero para los medios = más porno rosa en nuestras casas.
Si el caso Telma Ortiz hubiera prosperado el golpe para los 50 medios hubiera sido brutal porque hubiera cundido el ejemplo entre otros famosos hartos de que les pregunten estupideces a la puerta de su casa o haciendo la compra. El problema es que su denuncia no ha prosperado y ahora esta muchacha se ha situado en el centro del huracán.
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