Decimos adios a uno de los grandes, a un maestro del cine que tuvo el reconocimiento de los suyos -tal y como ya les pasó a otros antes que a él- tarde y mal, decimos adios a un maestro de actores, decimos adios a Paul Newman. Fue uno de los grandes galanes de Hollywood, de mirada intensa gracias a su profundidad de miras y sus ojos de un azul intenso. Ídolo de chicas adolescestes y de grandes hombres, maestro de muchos que después fueron mejor reconocidos que él, Paul Newman fue siempre un hombre discreto, agradable con la prensa y sus fans, que supo envejecer al ritmo que le marcaron sus canas. El Oscar le llegó en forma de honorífico a toda una carrera cuando superaba los 60 años, y el de mejor actor con una de sus últimas apariciones (El color del dinero), sin embargo siempre le recordaremos por actuaciones tan memorables como El golpe, La gata sobre el tejado de zinc, El buscavidas o Camino a Perdición (sin que estas que enumero tengan que ser las mejores).
Un gran hombre que no dejó de ser jamás un caballero elegante a pesar de las canas.
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