Ir a ver un espectáculo de La Fura dels Baus, es ir a asombrarse y no a quedarse sentado de forma impasible ante la acción. Ir a ver Boris Godunov es ir a ver la poca evolución que ha sufrido el abuso de poder y la revolución armada a lo largo de la historia. El espectador ocupa su localidad y comienza a ver como Godunov va a ocupar el poder después de haber mandado ejecutar al heredero del zar. Tras diez minutos, el patio de butacas es ocupado por un grupo de encapuchados con rifles de asalto y bombas entres sus manos. Es curioso cómo reacciona el ser humano cuando le tocan su instinto de supervivencia, creo que todos los espectadores enmudecieron, todos sabíamos que sólo era una obra, pero siempre te queda la incertidumbre de que esta vez no sea así, que sea real, tal y como aconteció en el teatro Dubrovka. El miedo se muestra irracional.
Con gran despliegue de recursos, La Fura consigue sobrecoger al espectador, hacerle reir, pero sobretodo crear en él una reflexión sobre el poder, la fuerza y la ralidad de muchos pueblos del mundo. A la salida una mujer comentó que la obra aunque no estaba mal estaba "cargada de tópicos y con poco profundidad", sin embargo, es un hecho comprensible, la intención de La Fura es representar una situación global y para que algo sea global se tiene que partir de las características que a todos afetan, si se toma lo particular se entra en hechos concretos y por lo tanto se deja el concepto de universal de lado.
Bravo por Boris Godunov.
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